sábado, 25 de junio de 2016

Dios usa la justicia como debe ser

   


  ¿Te ha pasado que a veces te faltan las palabras de admiración para describir a quien quieres?
     El amor, las metáforas, la poesía e, incluso, la publicidad y los políticos, aprovechan la falta de precisión en los significados dados por el diccionario para seducirnos con sus expresiones.
     El significado de las palabras está oculto en el intelecto humano, algunas se propagan hasta lo inconsciente y ninguna será lo mismo para dos personas. Por eso la comunicación a veces se hace tan difícil como necesaria.
     La representación que le damos a las cosas sobrepasa las definiciones: Nuestros hábitos, gustos, preocupaciones, la educación o los intereses personales, cada situación, condiciona nuestra mirada (por muy legítima que sea) seamos emisores o receptores. Por ejemplo, el sol, el mar, los paisajes inmensos... La naturaleza entera da sensación de libertad aunque siga unas leyes incontrovertibles, ¿verdad? Identificamos la hermosura, la extensión, el espacio y el poder con la libertad, ¿pero qué pasa con las palabras que nos sugieren rigidez?
     Justicia es uno de esos términos que evocan límites y provocan resistencia en muchos casos. Sin embargo, Aristóteles la considera la más sublime de todas las virtudes humanas y concibe el compromiso con los demás ciudadanos en una misión de armonía y bien común. Se trata de elegir siempre lo que vaya a bendecir a mayor número de personas. Siguiendo su idea, vemos que Justicia no es solo una palabra abstracta sino que se adquiere ejercitándola: “practicando la virtud se es virtuoso y practicando la Justicia se es justo”, recalca el filósofo. Lo curioso de todo esto es que el amado apóstol de Jesús se refirió al mismo ideal décadas después: “El que practica la Justicia es justo, así como él (Cristo) es justo”, Juan 3:7.
     La ética aristotélica y más aún la Biblia me convencen de que debo ser justa… Me pregunto cómo.
     Para el ser humano es muy difícil ser justo por sus propios méritos; la imperfección nos incapacita para llegar eficazmente a dicha virtud. Por eso el filósofo griego resuelve que en la equidad está el éxito; en evitar los extremos está la correcta proposición que, por cierto, a veces se trata de un mal menor (una decisión que se convierte en lo bueno al tener que elegir entre eso o algo peor). Pero conforme sigo leyendo a Aristóteles los límites me resultan cada vez más difusos y la justicia más subjetiva -acaba manejándose como cualquier cosa en manos de los hombres-.
     Juan, el amigo de Jesús, añade, a mi punto de vista, el complemento intrínseco que lleva el significado original de Justicia: la visión de un ser perfecto que, como tal, conoce cada rincón de realidad y es, en sí mismo, la Verdad. Juntando las dos visiones me doy cuenta de que la práctica de la Justicia es, a fin de cuentas, el conocimiento y la relación con Dios, el único que tiene todas las perspectivas para considerar qué es lo justo; es decir:qué es lo mejor para la mayoría de personas. Y en su caso optó por dar lo mejor a TODAS las personas de la historia: Nos ha dado salvación y vida eterna.
      No hay mayor expresión de amor en toda la historia. Si beneficiar al máximo a los demás es la Justicia entonces, ser justo es amar. Si leemos las cartas de Juan veremos que son textos llenos de cariño, admiración, amor puro a Cristo -inmensa revelación de amor hacia todas las personas-. El significado más parecido para Justicia divina que poseemos es el significado de Amor.
     Experimentemos a Cristo y practiquemos el amor que nos hace justos. Porque las vivencias dotan de contenido a las palabras y ojalá nuestro lenguaje esté cargado de aventuras con Jesús. Que vuestro vocabulario se llene de expresiones de alabanza y admiración a Dios; que le conozcamos hasta el punto en que no quedan palabras para describir lo increíble que es y nos limitemos a disfrutar de su compañía.
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Dios nos enseña ha como alejarnos del mal y resistir a la tentacion





    A veces puedes sentir que una tentación es demasiado insoportable, pero eso es una mentira de Satanás. Dios ha prometido que nunca permitirá que haya más sobre ti que lo que te pone dentro para vencerla.


     Él no te permitirá ninguna tentación que no puedas superar.

   Sin embargo, también debes hacer tu parte practicando ciertas claves bíblicas para derrotar la tentación, una de ellas es concentrar tu atención en algo diferente.

Te sorprenderá saber que en ninguna parte de se nos dice que debemos “resistir la tentación”. Se nos dice que “resistamos al diablo (Santiago 4:7), pero eso es muy distinto. En cambio, se nos aconseja que volvamos a enfocar nuestra atención porque resistir un pensamiento no resulta. Sólo intensifica nuestro enfoque en lo malo y fortalece su fascinación.

     Permíteme explicarte algo sobre la tentación

     Cada vez que intentas bloquear un pensamiento en tu mente, lo grabas más profundo en tu memoria. Cuando lo resistes, en realidad lo refuerzas. Esto resulta especialmente cierto en el caso de la tentación. No la derrotas luchando contra los sentimientos que te produce. Cuanto más luchas contra un sentimiento, tanto más te consume y controla. Realmente lo fortaleces cada vez que piensas en él.
     Dado que la tentación siempre empieza con un pensamiento, la manera más rápida para neutralizar su fascinación es concentrarte en otra cosa. No luches contra ese pensamiento, simplemente cambia el cauce de tu mente y procura interesarte en otra idea. Este es el primer paso para derrotar la tentación.

     La batalla contra el pecado se gana o se pierde en la mente.

    Cualquier cosa que atrape tu atención te atrapará a ti. Por eso Job dijo: “Hice un pacto con mis ojos para no mirar con lujuria a ninguna mujer joven”, Job 31:1. Y el salmista oró: “Guárdame de prestar atención a lo que no tiene valor”, Salmos 119:3.
     ¿Alguna vez viste un anuncio comercial en la televisión promocionando una comida y de repente sentiste hambre? ¿Has oído toser a una persona alguna vez e inmediatamente sientes la necesidad de aclarar la garganta? ¿Alguna vez viste a una persona abriendo la boca en un gran bostezo y enseguida sentiste ganas de bostezar también? (¡Es posible que estés bostezando ahora mismo mientras estás leyendo esto!) Ese es el poder de la sugestión. En forma natural nos acercamos a cualquier cosa en la que nos concentremos. Cuanto más pienses en algo, tanto más fuerte te retendrá.
     Por esa razón la repetición de “debo dejar de comer demasiado… o dejar de fumar… o dejar la lujuria” es una estrategia de derrota. Te mantiene enfocado en lo que no quieres. Es como si anunciaras: “Yo nunca voy a hacer lo que hizo mi madre”. Te estás preparando para repetirlo.
    La mayoría de las dietas no resultan porque lo mantienen a uno pensando en la comida todo el tiempo, garantizando que tendremos hambre. Del mismo modo, un orador que se repite a sí mismo todo el tiempo: “¡No te pongas nervioso!” ¡Se prepara para ponerse nervioso! En cambio debería concentrarse en cualquier otra cosa excepto en sus sentimientos: en Dios, en la importancia de su discurso o en las necesidades de sus oyentes.

     La tentación empieza por captar tu atención.

     Lo que capta tu atención estimula tu deseo. Después tus deseos activan tu conducta, y actúas con base en lo que sentiste. Cuanto más te concentres en “No quiero hacer esto”, tanto más fuerte te atraerá hacia su red.
    Hacer caso omiso de una tentación es más eficaz que luchar contra ella. En cuanto tu mente está en otra cosa, la tentación pierde su poder. Así que, cuando la tentación te llame por teléfono, no discutas con ella, ¡simplemente cuelga!
     A veces esto significa dejar físicamente una situación tentadora. Hay ocasiones en que lo correcto es huir. Levántate y apaga la televisión. Aléjate de un grupo que está contando chismes. Abandona el cine en medio de la película. Para que las abejas no te piquen, quédate lejos del enjambre. Haz lo que sea necesario para concentrarte en otra cosa.
     Desde el punto de vista espiritual, nuestra mente es el órgano más vulnerable. Para reducir la tentación, mantén tu mente ocupada con de Dios y otros pensamientos buenos. Los pensamientos malos se derrotan pensando en algo mejor. Este es el principio del reemplazo. Vence el mal con el bien (Romanos 12:21).
     Satanás no puede llamarnos la atención cuando nuestra mente está preocupada con otra cosa. Por eso nos aconseja repetidas veces que mantengamos nuestras mentes enfocadas: “Consideren a Jesús”, Hebreos 3:1. “Siempre piensen en Jesucristo”, 2 Timoteo 2:8. “Llenen sus mentes de las cosas que son buenas y que merecen alabanza: cosas que son verdaderas, nobles, correctas, puras, encantadoras, y honorables”, Filipenses 4:8.
     Si realmente quieres derrotar la tentación, debes organizar tu mente y monitorear tu consumo de los medios de información.
     El hombre más sabio que haya vivido jamás, advirtió:
"Ten cuidado cómo piensas; tu vida está moldeada por tus pensamientos" (Proverbios 4:23)
No permitas que la basura entre a tu mente indiscriminadadmente. Sé selectivo. Escoge con cuidado en qué cosas vas a pensar. Sigue el modelo de Pablo:
"Llevamos cautivo todo pensamiento y hacemos que se rinda y obedezca a Cristo" (2 Corintios 10:5)
Esto requiere una vida práctica, pero con la ayuda del Espíritu Santo puedes reprogramar tu manera de pensar.
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Dios nos enseña a perdonar



     A veces somos muy injustos con el perdón, Dios ha perdonado todos nuestros pecados y sanado nuestras heridas, pero a nosotros se nos hace muy pero muy difícil perdonar a aquel que hizo algo que nos dolió mucho.
    Y digo que somos injustos con el perdón, porque nos gusta que Dios nos perdone, pero no nos gusta perdonar.
    A menudo veo y oigo a personas que se supone “han perdonado”, pero sus palabras, sus frases denotan que lo que existe en su corazón, es verdaderamente falta de perdón.
    Cuando nosotros perdonamos a alguien, no tenemos porque andar sacando en cara lo que nos hicieron, ¿Acaso no lo perdonamos ya?, ¿Por qué andar recordándole cada que se puede lo que hizo?, eso es ser injusto, porque Dios no nos anda recordando a cada momento nuestros pecados como razón para acusarnos y hacernos sentir mal, al contrario, Dios olvida nuestros pecados y nos hace nuevas criaturas.
    Reflexionar sobre el perdón que injustamente no otorgamos, me lleva a la Palabra de Dios, especialmente al pasaje del siervo que fue perdonado, pero no quiso perdonar.
   “Entonces Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: —Señor, si un miembro de la iglesia me hace algo malo, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Sólo siete veces? Jesús le contestó: —No basta con perdonar al hermano sólo siete veces. Hay que perdonarlo una y otra vez; es decir, siempre.» 

     En el reino de Dios sucede algo parecido a lo que cierta vez sucedió en un país. El rey mandó llamar a sus empleados para que le informaran cómo andaban sus negocios y para que le pagaran todo lo que le debían.» Cuando comenzó a sacar cuentas, le llevaron un empleado que le debía sesenta millones de monedas de plata. Como el empleado no tenía dinero para pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa y sus hijos, y que vendieran también todo lo que tenía. Así, con el dinero de esa venta, la deuda quedaría pagada.»


     Pero el empleado se arrodilló delante del rey y le suplicó: “Señor, déme usted un poco más de tiempo y le pagaré todo lo que le debo.”» El rey sintió compasión de su empleado y le dijo: “Vete tranquilo; te perdono todo lo que me debes.”» Al salir del palacio del rey, ese empleado se encontró con un compañero que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y le dijo: “¡Págame ahora mismo lo que me debes!”» El compañero se arrodilló delante de él y le suplicó: “Dame un poco más de tiempo y te lo pagaré todo.”» Pero aquel empleado no quiso darle tiempo, y mandó que metieran a su compañero en la cárcel, hasta que pagara el dinero que le debía.» Los otros compañeros, al ver lo que había pasado, se molestaron mucho y fueron a contárselo al rey.» Entonces el rey mandó llamar a aquel empleado y le dijo: “¡Qué malvado eres! Te perdoné todo lo que me debías, porque me lo suplicaste.
     ¿Por qué no tuviste compasión de tu compañero, así como yo la tuve de ti?”» El rey se puso furioso, y ordenó que castigaran a ese empleado hasta que pagara todo lo que le debía. Jesús terminó diciendo: «Lo mismo hará Dios mi Padre con cada uno de ustedes, si no perdonan sinceramente a su hermano.»”
        Mateo 18:21-35 (Traducción en lenguaje actual)
    Es increíble ver como personas que han sido perdonadas por Dios de todos sus pecados, hoy en día no pueden perdonar a aquel o aquella que hizo algo contra él o ella. Se puede percibir a través de las palabras que de la boca de esas personas salen hacia aquella persona la cual no han perdonado, que en su corazón anidan esa falta de perdón que aunque quiera negar, no los deja vivir una vida libre en Dios.

     Oración a Jesús

    Creo que la historia que narra la Biblia es muy clara, también por eso escogí la versión Traducción en Lenguaje Actual para que al leerla pudiera ser aun mas entendible a nuestros tiempos.
    ¿Cuántos de nosotros somos como ese siervo que fue perdonado?, Dios nos perdono cosas que creíamos que no podían ser perdonadas, nuestros pecados no eran razón para sentirnos orgullosos, sino que nos avergonzaban, pero Dios tuvo compasión de nosotros y nos perdono TOTALMENTE nuestros pecados. Pero ahora que Dios nos ha perdonado, ¿Qué perdón estamos otorgando hacia aquellos que pecaron contra nosotros?
    La falta de perdón es una de las razones porque la gente no puede experimentar el gozo total en sus vidas. Por lo general la gente que no ha podido perdonar y sigue sintiendo ciertos sentimientos negativos hacia aquellos que pecaron contra ellos, son personas amargadas, personas enojadas, personas impulsivas que cualquier cosa hace que exploten.
    Y es que la falta de perdón hacia aquellos que un día nos fallaron es como un cáncer que poco a poco va atacando nuestra vida espiritual y si de ser posible nos destruirá.
    Y es que el Espíritu de Dios no se puede mover libremente en la vida de una persona que no puede perdonar. Cuando Dios te llamo te hizo LIBRE y esa libertad es la que tienes que cuidar que permanezca siempre, pero cuando tú no perdonas, eres esclavo de esa persona a la cual no puedes perdonar. Y esclavo porque cada cosa mala que te pase o similar a lo que te sucedió con aquella persona, traerá a tu mente la imagen de esa persona que no puedes perdonar. Posiblemente estarás sonriendo y al recordarte de esa persona que no puedes perdonar, tu sonrisa se transformara en una cara de pocos amigos. ¿Por qué ser esclavo del rencor u odio?, Cuando puedes ser una persona compasiva y misericordiosa, tal y como Dios hizo contigo.
    Quizá hasta este punto tú digas: “Es que lo que me hizo no merece perdón”, ó “Es que hasta la fecha nunca me ha pedido perdón por lo que me hizo”, quiero que sepas que no necesariamente esa persona tiene que ir delante de ti y humillarse para que tú puedas perdonarla. Quizá por mucho tiempo has esperado que esa persona te busque y te pida perdón y si es de rodillas pues mejor, pero eso no ha pasado, y quizá esa es una de las razones por la que tu vida no puede experimentar el gozo a plenitud, porque sigues amarrado a esa falta de perdón hacia esa persona.
    Quiero que entiendas algo: Para perdonar no necesitas que esa persona llegue hasta donde ti, porque, ¿Qué tal si esa persona ya ni vive?, ¿Qué tal si esa persona humanamente le es imposible llegar hasta donde ti?, ó ¿Qué tal si a esa persona hasta se le olvido lo que un día te hizo a ti?, ¿Quién es el más perjudicado en todo esto? TÚ.
    Tú eres el más perjudicado o la más perjudicada, porque eres tú y nada más que tú quien anida todavía esos sentimientos de falta de perdón hacia esa persona. ¿Por qué te sigues esclavizando a la falta de perdón?
   Un día escuche una frase más o menos así: “Tener rencor o envidia es como tomar veneno uno mismo y esperar a que el otro se muera”. ¡Cuánta verdad hay en esta frase!, sí, porque igualmente es la falta de perdón, es como tomar veneno uno mismo, porque el único perjudicado al no perdonar, es UNO MISMO.
     Hoy es un buen día para perdonar de verdad, hoy es un buen día para entender que no necesito que me pidan perdón como para perdonar a esa persona que tanto daño quizá nos hizo. Tú puedes hacerlo, tan solo con liberarte de ello en esta hora, si tú quieres hacerlo hoy quiero invitarte a que repitas de corazón y con sinceridad la siguiente oración que te guiare:
     “Dios mío, hoy vengo delante de ti porque reconozco mi necesidad de ti, reconozco que los últimos tiempos he cometido el error de no poder perdonar, tú sabes que me cuesta Señor, tú sabes que me dolió lo que me hizo esa persona, también sabes al examinar mi corazón, que no quiero sentir esto más, tú sabes que hoy quiero ser libre totalmente de este sentimiento que nada bueno me ha traído y que me ha hecho sufrir mucho. Señor, hoy con tu ayuda quiero perdonar a todas aquellas personas que me hicieron un mal, hoy quiero perdonar a todos aquellos que pecaron contra mí, perdono a mis padres, a mi familia, a mis hermanos, a mis amigos, a todos aquellos que de una u otra forma un día marcaron negativamente mi vida, HOY QUIERO SER LIBRE, hoy quiero que limpies mi corazón y mi mente para no recordar mas esos malos episodios y si los llegare a recordar, permíteme no sentir más toda ese enojo, rencor u odio que hasta hoy sentía. Hoy te pido perdón por no haber podido perdonar antes, pero HOY PERDONO A TODOS LO QUE ME FALLARON E HICIERON UN MAL CONTRA MI. No importando el momento, el tiempo, el nombre, ni el lugar, HOY PERDONO A TODOS. Señor, yo se que tú y solo tú puedes darme la capacidad de perdonar totalmente, a partir de hoy quiero ser una nueva persona, quiero experimentar tu gozo a plenitud, examina mi corazón y mi mente, limpia todo lo que tengas que limpiar, pero sobre todo dame un corazón que te anhele y te busque, a partir de hoy quiero comenzar de nuevo, a tu lado, porque solo con tu ayuda puedo salir adelante. Gracias Señor, gracias, porque puedo sentir tu presencia sobre mi vida, gracias porque puedo sentir como estas limpiando mi corazón y mi mente, gracias porque puedo sentir tu abrazo sobre mí, pero sobre todo, gracias por darme la capacidad de perdonar ESTE DÍA A TODOS. En el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”.
     ¡Gloria a Dios! Si tú realmente hiciste esta oración con toda sinceridad delante del Señor, estoy seguro que a partir de este día comenzaras a ver todas las cosas desde otra perspectiva, estoy seguro que Dios ha sanado tu corazón y tu mente de todo aquello que no te dejaba ser libre.
   Hoy Dios escucho tus palabras sinceras y examino tú corazón y vio que realmente perdonaste, por lo tanto a partir de este día comenzaras a experimentar sucesos hermosos en tu vida y comenzaras a ver como Dios obrara más libremente sobre ti.
     ¡Gloria a Dios!, porque solo Él puede poner en ti, en deseo de ser libre y buscarlo cada día más.
     ¡Hoy eres Libre de TODO! ¡Disfruta tu Libertad!
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Con Dios a mi lado todo ira bien




    Llevas un tiempo pidiéndole a Dios que dirija tu vida y parece que, más bien, la está dirigiendo el enemigo. ¡A veces no tienes ganas ni de levantarte de la cama!
  Todo parece ir mal y tus expectativas de una vida con Dios están cayendo estrepitosamente.
     ¿Te ha pasado esto alguna vez? Entonces este artículo es para ti. 
    ¡No te desanimes! ¿Sabías que la Biblia habla de muchos hijos de Dios a quienes les sucedió lo mismo? Analicemos algunos ejemplos:
     En Génesis 37 encontramos la historia de José, un joven al que Dios le envió un sueño. Versículo 6-7 “Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío.”
   José era un joven que tenía una relación personal con el Padre celestial, Dios se comunicó con él mediante varios sueños en los cuales desvelaba cuál sería su misión en la tierra, iba a ser una persona de poder e incluso iba a estar en una posición más alta que la de sus hermanos mayores. Sin embargo, tiempo más tarde, Dios permite que lo envíen a Egipto como esclavo, y allí le suceden una serie de vivencias humillantes y pareciera que el hilo de su vida va en dirección contraria a lo que Dios dispuso para él. 
     Bien, ahora veamos otro ejemplo. La vida de Moisés.
     Elena de White dice que Jocabed, madre de Moisés, grabó en el corazón de su hijo, que Dios lo había escogido para ser el caudillo que liberara al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. Así que Dios dispone en su mente la misión que tendrá su hijo y ella se ocupa de prepararlo para ello. Más tarde, en la casa del Faraón, Moisés adquiere habilidades militares, poder y liderazgo, cualidades que pensaba que debía tener un libertador del pueblo de Dios. Hechos 7:22 “Y fue enseñado Moisés en toda sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos.” Sin embargo, cuando está listo para llevar a cabo su misión, Dios lo envía al desierto a cuidar rebaños por cuarenta años. Nuevamente vemos que Dios le entrega una misión a su hijo y lo lleva en dirección contraria. 
     Otro ejemplo es el de David, era sólo un muchacho cuando fue ungido por Dios para ser rey de Israel, pero no fue hasta tiempo más tarde que comenzó su reinado, antes pasó por vivencias como la huida, persecución y dependencia total de Dios.

     ¿Qué tienen en común estas historias? 

     Dios tiene una misión para cada uno de sus hijos que deciden entregar completamente su vida en sus manos, pero antes de dirigir nuestro barco, debe asegurarse de que le entregamos completamente el timón a Él, nuestro Capitán. Para ello, debemos aprender que, si llegamos al éxito de nuestra misión, será por el mérito de Dios, y no por lo que somos, o por nuestros títulos. Tanto Moisés como José creían en sus propias capacidades, pensaban que eran alguien importante, o lo menos, creían que eran “alguien”. Y Dios les enseña que la identidad  de un hijo de Dios, está validada por el poder que Dios les da, la primera lección es humildad, dependencia total de Dios. 
     Juan 15: 5 “Yo soy la Vid y vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”
    “Separados de mí nada podéis hacer” todo lo que somos y llegamos a ser es porque Dios lo permite y nos capacita, somos alguien porque él nos da una identidad. 
     Elena de White dice en su libro Patriarcas y Profetas pp 687 “La humillación de la derrota resulta a menudo en una bendición al mostrarnos nuestra incapacidad para hacer la voluntad de Dios sin su ayuda.” 
     2 Crónicas 7:14  “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”
     Debemos ir con actitud humilde, reconocer que nuestras mejores obras son como trapos de inmundicia y que sin Dios nada podemos hacer, entonces es cuando Dios hace grandes cosas en nuestra vida. 
     Jesús mismo dejó su trono celestial para humillarse a sí mismo y padecer en la cruz por salvarnos a nosotros. Jesús reconocía que su poder venía del Padre, él dependía totalmente del Padre para cumplir su misión.  
     Otra razón por la cual tenemos dificultades cuando entregamos nuestra vida a Dios, es porque Satanás sabe que una persona en manos de Dios es un instrumento poderoso para salvar a otros e intenta sabotear nuestra misión, como lo hizo con David, José, Moisés y sobretodo con Jesús. Pero sabemos que Dios es más poderoso y utilizará los intentos de Satanás para dirigir nuestra vida. Los hermanos de José lo vendieron como esclavo a Egipto, Dios utilizó eso para que, tiempo más tarde, José pudiera saciar el hambre de su pueblo con las reservas de grano que administró en Egipto. 
    Si estás pasando dificultades por hacer su voluntad, Dios te dice: “Te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y note deseché. No temas porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” Isaías 41: 9-10
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libertad que nos permite cristo

    



 ¿Con qué relacionarías la libertad?
     a) Naturaleza, extensión, espacio, profundidad, facilidad para moverme a cualquier lado.
     b) Tiempo, poder, dinero, capacidad de tener lo que quiero.
     c) Decisión, elección, responsabilidad, posibilidad, aptitud.
            - La libertad es intrínseca al ser humano, es una cualidad que lo diferencia del resto                de seres vivos
            - implica decisión y, por tanto, a la razón.
             -La consecuencia de la elección tomada responsabiliza únicamente al que actúa de              esa determinada manera ante una situación concreta. 



     Mil descripciones cubren a una sola palabra, porque cada individuo atribuye al significado sus sensaciones y experiencias personales.
     Libertad y amor quizá sean los términos más evocadores de la lengua; tratemos de encontrar, en este caso, puntos comunes para el primero de ellos. 
     La libertad tiene una connotación popular positiva. No obstante, el Diccionario de la Real Academia Española va más allá de impresiones como “tiempo”, “extensión” o “poder” y le atribuye cualidades de trascendencia moral; la define en primera instancia como la “facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”. O sea:
     Como vemos, la libertad se vive individualmente, así como sus requerimientos: decisión, voluntad y responsabilidad. Por cierto, la idea que tenemos de las palabras se relaciona con el uso que se le ha dado a lo largo de la historia. Así pues, ¿en qué momento adquiere libertad dicho significado?
     Ni más ni menos que en el segundo cero de la cronología humana, en el principio de todas las cosas: Dios creó por amor y es Amor. Y sea cual sea la concepción que cada cual tenga de él, nunca se entiende sin libertad. A nadie se le puede obligar a amar. Por esa misma razón, el Creador no puede privar a las personas de libertad aunque eso “les libre” de pecar. O mejor dicho, él es omnipotente para salvarnos a todos -incluyendo la cualidad de pasar por alto la decisión de los que quieren que su historia termine en esta Tierra (tal y como la conocemos)-; pero limita voluntariamente su poder al permitirnos decidir cómo conducir nuestra vida (aunque no adquiera la perfección que él desea). 
      Continuemos el relato: Ante la opción de una vida perfecta, sin dolor y en armonía con Dios, un poderoso ángel decidió lo contrario. Satanás “jugó” irresponsablemente con su libertad y se opuso al que se la había concedido. El plan de Dios no era que este mundo se echara a perder, pero cuando aquel ángel rebelado les propuso a Adán y Eva coger el fruto del árbol de la ciencia del bien y el mal, sucumbieron en lugar de decidir lo opuesto (en este caso, no probarlo -que es lo que el Señor había indicado-). Eran libres de comer o no la fruta, pero una vez se la habían zampado no eran libres de colocarla de nuevo en el árbol.
     Tú y yo vivimos las consecuencias de aquella decisión desde que nacimos; la Biblia lo resume en un momento dado como “en Adán todos mueren” (1 Corintios 15:22), pero no se queda ahí la cosa. Para ampliar la libertad de los seres que jamás hemos conocido la perfección (lo opuesto al sufrimiento, la degradación y el dolor), el Creador puso en marcha el plan de salvación para que, ante el aparente e inevitable desenlace de la muerte, tengamos la opción de elegir a su antónimo: Vivir para siempre, conocer la perfección. “…en Cristo todos volverán a vivir”, resuelve el versículo anterior -“todos” alude a los que quieran, claro-. Para eso vino Jesús al mundo, para “buscar y  salvar lo que se había perdido” (Lucas19:10).
     Así como la libertad se practica individualmente, la decisión de decir “sí” al rescate que Cristo ofrece se razona personalmente. ¿Cómo vas a usar tu libertad?
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Todos somos iguales ante dios



     ¿Te has sentido alguna vez como si no valieras nada, como si todos tuvieran talentos y dones destacados y fueran mejores que tú?
      Si es así, te recomiendo leer el siguiente ejemplo que nos ofrece la naturaleza. 
     Si comparamos un Antílope con un guepardo quizá haya muchos que piensen que el guepardo es más fuerte y en una competición será ganador. Pero, analizando más profundamente las características de ambos descubrimos varios puntos interesantes.

  • El guepardo puede alcanzar una velocidad de 80 km/hra pero no puede mantener la velocidad por más de 15 minutos porque su cerebro se recalienta y muere. 
  • El antílope consigue mantener una velocidad de 40 km/hra pero puede mantener esa velocidad mucho más tiempo que el guepardo, es más fuerte en resistencia. 
  • El felino debe decidir bien cuando atacar y acercarse lo más posible a su presa para obtener más ventaja, porque emplea mucho esfuerzo en cazar y su capacidad sólo le permite unos pocos intentos antes de agotar sus fuerzas. 
  • El antílope no necesita cazar para sobrevivir, es herbívoro y puede pastar tranquilamente, está siempre en manada y esto ofrece protección frente a depredadores. 

     Después de leer estas comparaciones, ¿cuál crees ahora que es el más fuerte? Mi respuesta es: ninguno. Los dos poseen fortalezas y debilidades que son difíciles de comparar y hacen que los dos estén igualados. 
     Mira lo que dice 1 Corintios 12:14-22 “Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?  Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.  Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios.”
   Todos somos distintos y necesarios, ni mejores ni peores, por lo tanto, las comparaciones llegan a ser absurdas! Dios nos creó únicos y preciosos a sus ojos. Si te sientes pequeñito y piensas que no tienes nada que ofrecer, estás equivocado, a todos Dios les dio talentos para que los cultiven. Obsérvate y piensa en aquello que disfrutas haciendo, ese es tu talento, dedica tiempo a aquello que te apasiona y ponlo al servicio de Dios y empezarás a destacar.  
     Isaías 43:4 “Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.”
     Eres de gran estima para Dios, Dios no mira la apariencia, los títulos que tengas o las riquezas, éxito o fama de este mundo. Dios mira el corazón y te dice: “eres muy preciado y por eso di a mi Hijo por ti.” ¿Cómo te hace sentir eso? Afortunado, no?
     Pongamos otro ejemplo:
     Dios le dijo a Samuel que debía buscar un nuevo rey para Israel, le dijo que fuera a buscarlo entre los hijos de Isaí, los cuales se presentaron ante Samuel y éstos eran fuertes y hermosos. Samuel pensó que podría ser uno de ellos, pero Dios los desechó, eligió al menos pensado, el menos esperado para ser rey, a David, un muchachito que era pastor de ovejas, que nunca se había formado en el ejército como sus hermanos y que era manso y humilde.
     Dios una vez más, nos demuestra que las comparaciones son absurdas, porque El mira el corazón y mira las cualidades ocultas. Así que, anímate y pídele a Dios que te muestre cuáles son tus cualidades y cómo puedes servirle mejor. ¡Te sorprenderás de lo que eres capaz!
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